Fin de semana gastronómico en Cañitas Maite

Fin de semana gastronómico en Cañitas Maite

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Cañitas Maite es uno de esos proyectos que surgen cuando se habla de un gran lugar al que ir a comer lejos de los grandes focos gastronómicos del país.

Situado en Casas-Ibáñez, un pueblecito de apenas 5000 habitantes, en plena región de Albacete, este local es una piedra en el desierto que ha conseguido hacerse un hueco entre los grandes nombres de la cocina de autor en España.

Activo desde 2019, este proyecto diseñado por los locales Juan Sahuquillo y Javier Sanz corre invariablemente hacia el éxito: cuatro locales en el pueblo manchego –uno de ellos con Estrella Michelin–, otro local estrellado en Madrid, aperturas en las baleares…

Sin sobrepasar los 30 años, estos dos jóvenes han convertido ese curioso nombre, Cañitas Maite, en un sinónimo del disfrute gastro, de la cocina divertida, pero con fundamento, del discurso bien diseñado…

Por fin, después de pasar apenas a 30 kilómetros del pequeño municipio varias veces al año en nuestros viajes al sur, aprovechamos un fin de semana largo para escaparnos a Casas-Ibáñez y hacer lo que se suele recomendar: reservar una habitación en su hotel y pedir mesa en un par de sus locales. Esta fue nuestra experiencia de fin de semana gastronómico en Cañitas Maite:

Cañitas Maite: un hotel pensado para la gastronomía

El hotel de Cañitas Maite, de 2 estrellas, es lo que es: un lugar para descansar en el propio municipio y disfrutar de varias de las propuestas gastronómicas de Sahuquillo y Sanz sin preocuparse del coche, de hacer kilómetros o de pagar un taxi.

El principal atractivo del proyecto está contenido en el mismo edificio, situado en la calle Tomás Pérez Úbeda, número 6.

Las habitaciones, sencillas, están situadas en la segunda y tercera planta del inmueble, que reserva la primera y el bajo para los dos proyectos estrella del grupo: el restaurante Cañitas Maite, más informal, pero mirando hacia la propuesta de autor, y -OBA, con una estrella michelin y una estrella verde.

Justo enfrente de la puerta principal del hotel, Cañitas Maite dispone de una terraza de estética chill-out donde, en verano, ofrecen un plan de cenas único: Cañitas al fresco. Por último, los jovencísimos cocineros permiten disfrutar de platos todavía más informales, tipo burguers y tapas, en La Taberñita, un pequeño bar-taberna que abre sus puertas a menos de cien metros del Alma mater del proyecto.

Para nosotros, el objetivo principal era Cañitas Maite, así que reservamos mesa en este espacio para comer. Y completamos la experiencia con otra mesa, la noche antes, en Cañitas al fresco. Charlando con otros huéspedes vimos que esto era lo habitual: aprovechar el desplazamiento para probar, al menos, dos de las cartas de estos cocineros.

Cañitas al fresco: una noche TOP

Cenar sin prisas, probar platos basados en recetas tradicionales, pero cuidados al milímetro, aprovechar unas brasas vivas que dan un toque de humo a casi toda la carta… Estos son los pilares sobre los que se levanta el proyecto Cañitas al fresco.

Esta bonita terraza se abre en las noches de verano, de miércoles a domingo, con una amplia carta y, sobre todo, un menú asequible y contundente que invita a probar las mejores propuestas de los chefs.

Esta última fue nuestra elección: un menú de 39,5 euros por persona en el que se prueban ocho pases a compartir. Además, la experiencia se puede complementar con otros platos de la carta o pequeños bocados que sirven como aperitivo.

Todo ello se cierra con una interesante carta de vinos y cócteles que te permiten sentirte como en una terraza de moda en una zona de playa… solo que en mitad de Albacete.

El menú de Cañitas al fresco

Tal y como explican en su web, el menú de Cañitas al fresco cambia cada mes. Nosotros visitamos el restaurante en agosto de 2025 y este fue nuestro festín:

Comenzamos con unos caracolillos con chorizo picante Joselito, fuera del menú, que vienen templados y con una salsa para mojar pan. Después de ello, y de tomar un par de cócteles, pasamos al menú, del que solo podemos decir cosas positivas.

Lo cierto es que en los menús degustación suele haber algún plato que otro que pasa completamente desapercibido. En el caso de Cañitas al fresco podemos decir que nos sorprendió que no fuera así: cada una de las propuestas nos encantó.

Comenzamos con un exquisito pan de masa madre que sirven con una mahonesa cítrica… La hogaza, para dos, viene bañada en aceite –¿se echa hirviendo sobre la corteza? – y tiene un crujiente único, completamente adictivo.

LA CROQUETA, en mayúsculas

Después de esa bienvenida, uno de los platos fuertes del local: la croqueta de Cañitas. Esta receta se llevó el premio a mejor croqueta del mundo en Madrid Fusión 2021. Lo cierto es que lo merece: es un bocado emocionante, que hizo que se me escaparan las lágrimas, no miento. ¡Van de cabeza a nuestro top de croquetas de España!

Una bechamel cremosa y untuosa a base de leche fresca y mantequilla de oveja, unos tropezones del exquisito jamón Joselito y una original forma de comerla: con cada bocado, recomiendan ‘mojar’ la bechamel en unas palomitas de corteza de cerdo que sirven en la base del plato… La textura es todavía más crujiente y aireada.

Fuera de este excepcional momento, vinieron otros platos como el puerro asado con burrata y mortadela, que fue quizá el menos llamativo de todos; las clochinas con americana de sobrasada, para chuparse los dedos; o el calamar con salas de mantequilla tostada, que nos dejó absolutamente fascinados con el equilibrio del ajo frito y las alcaparras.

Para cerrar la parte salada de este menú, una falda de cordero con chimichurri manchega, que terminó por coronar la sesión gastronómica antes de pasar al postre: una tarta de queso super cremosa que cumplía bastante con las exigencias que los propios chefs nos habían planteado hasta el momento.

El ambiente del espacio es sensacional, pues el perfil de clientes es de gente que viene a disfrutar sin prisas, a gozar del momento y a dejarse sorprender con los platos y el trabajo de un equipo coordinado en una cocina siempre a la vista, al fondo de la terraza.

Es cierto que el equipo de sala –también lo sentimos en Cañitas Maite– parece desbordarse en los momentos pico: hacia el final de la cena los tiempos de espera se alargaron, nos trajeron carta de postres cuando ya iba incluido en el menú, tuvieron un pequeño error en la cuenta… Quizá nos pareció que la división por rangos de la sala se perdía un poco, dando lugar a estas confusiones.

No obstante, el equipo de sala es joven, tiene ganas de agradar y, contando con que la propuesta es ‘alargar la velada’ con la sobremesa y el fresquito del espacio, el pequeño ‘problema’ quedó opacado por todo lo bueno del espacio.

Cañitas Maite: un menú de tapas al que volver

Al dormir en Cañitas Maite teníamos incluido el desayuno. Este está compuesto por quesos y embutidos de la zona, jamón, dulces, fruta… De manera que hicimos bien en reservar el menú de tapas que ofrece Cañitas Maite: había que volver a casa y no era buena idea hacer una comida larga.

Cañitas Maite cuenta con distintas propuestas. Por supuesto, se puede comer a la carta y probar, además, algunos de los exquisitos arroces que sacan de cocinas.

También tienen un menú ejecutivo por 39 euros entre semana y dos menús degustación, el Purabarra, por 63 €, de tapas de autor, el tradición, por 73 euros y con los mejores productos de temporada, y el Hits, que cuesta 83 € y ofrece los platos más icónicos de la carta.

Como decía, optamos por el menú Purabarra. Divertido, informal, para comer con las manos, está compuesto por 9 platos, un postre y la posibilidad de añadir un salado más al final de esa sección por 8 euros adicionales.

Mucho queso, mucho ‘cañalla’

De nuestra visita a Cañitas Maite nos llevamos una imagen que se proyectó en nuestra mente: la de dos jóvenes cocineros llenos de talento jugando con ciertos platos tradicionales, disfrutando en la cocina.

Eso es, al menos, lo que trasladan bocados como el homenaje a la matanza o el ninoyaki de queso trufado, que sorprenden por su equilibrio, por el manejo de las texturas y, sobre todo, por la originalidad de la puesta en escena.

Todo es muy canalla en este menú en el que repetimos la mejor croqueta del mundo, nos enfrentamos a una revisión del bocata de calamares (en un croissant negro por la tinta y con un guiso del cefalópodo en su interior) y nos tomamos un donut de rabo de toro con un glaseado de parmesano y verduras a la brasa con mucha personalidad.

De todos los platos que probamos, nos quedamos con el saam de langostino y alita, ese tierra y mar lleno de matices que sirven casi al final del menú, y con el ceviche cítrico, donde los cocineros invitan a jugar con la propia lima y a rascarla con los dientes para sacar el jugo exacto que desea el comensal.

En nuestro caso, el postre fue una pequeña decepción. Sabemos que Tu primer beso de vainilla y fresa es uno de los hits del local, pero una vez más no entendemos el abuso del petazeta y la gelatina exterior del ‘bombón’ no nos procuró la potencia de sabor a fruto rojo que esperábamos encontrar.

¿Sinceramente? Cañitas Maite merece la visita. Verdaderamente es un regalo para los amantes de la gastronomía. Así que, como comentábamos a los simpáticos camareros que nos despidieron, volveremos: probaremos -OBA, no dejaremos pasar algunos de los arroces de Cañitas Maite y, si se tercia, iremos a la Taberñita a pringarnos los dedos con su propuesta más informal.

Imagen de Daniel.R.V

Daniel.R.V

Concibo el viaje como una forma de entender mejor el mundo. Me apasiona
la cultura y siempre estoy dispuesto a hacer las maletas para
viajar a cualquier destino... siempre que se coma bien. Porque descubrir
restaurantes, gastronomías y recetas es otra forma de conocer todos los
rincones del planeta.

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