Barro es uno de los restaurantes de moda en este momento. El proyecto de Carlos Casillas (1999) se centra en la búsqueda intelectual y creativa que quiere reivindicar el peso de Castilla, de Ávila, sobre la mesa. Una vez conseguida la primera estrella michelin, Casillas ha diversificado su empresa y ha creado Surco, un local más accesible que permite asomarse a la cocina del buque insignia.
Surco abre sus puertas en un local anexo a Barro, un bellísimo almacén de trigo con vistas a la muralla de Ávila. El espacio es espectacular. y no solo por las vistas y por su preciosa terraza, que disfrutamos para la hora del café: Lo que más destaca es el respeto que han tenido por el espacio abierto, por un techo rudo, pero rezuma historia.
Fuimos a Surco en la semana de su estreno y desde ya te avanzo que volveremos: la cocina nos gustó, y deseamos comprobar que los pequeños desajustes que vivimos en la sala se irán puliendo en cuando la máquina comience a rodar.
¿Quieres saber qué comimos en Surco? ¡Allá va!
Una carta fácil y asequible
Lo primero que nos llamó la atención de Surco fue lo accesible de su carta: «Lo que pone es lo que lleva», nos explicaron en la sala. Y así, nos enfrentamos a platos como «Gilda. Bonito. Brunoise», «Croqueta, pollo al carbón, huevo duro» o «Porchetta ibérica. Cebolleta. Calabacín», que no dejaban dudas de los ingredientes principales de las preparaciones.
Segunda sorpresa: el precio. En Surco se encuentran referencias desde 4 euros en los bocados iniciales y platos centrales con un coste medio de unos 25 euros. De hecho, nosotros pagamos 105 euros por una selección bastante completa en la que incluimos incluso bogavante.
Tercera: la carta de vinos es grande y cuenta con bastantes referencias. A mayores, cuentan con una opción muy intuitiva de vinos por copa y cócteles. Cuando vimos esto último, ya tuvimos claro qué íbamos a hacer. ¿Lo adivinas?


Nuestro paso por Surco
Lo que planteamos al llegar a Surco fue probar cuantos más platos posibles. Así, nuestra comanda incluyó tres bocados iniciales, dos entrantes, un principal y un postre. Todo a compartir.
Comenzamos con una versión ‘músculada’ de la clásica gilda, original, rica y que ya nos dio pistas de que el producto iba a ser Top. Por otro lado, probamos la croqueta de pollo a la brasa, con una bechamel cremosa y líquida, que aprobó con notable, aunque quizá nos faltó un poco de presencia de la carne.
De ahí a un clásico que no dejamos de pedir si está en la carta: las ostras. En Surco vienen a la brasa y con espellete, un tipo de pimiento picante producido en el País Vasco, según hemos podido investigar. Llegaron templadas y estaban magníficas.
Nos habría encantado probar otros entrantes que pintaban bien y que guardamos para las próximas visitas. Algunos de ellos son: «Bomba de patata. Tetilla. Salchichón» o la «Caballa. Mantequilla. Botarga».
Pan, entrantes y principal
Acompañamos la degustación con un pan de madre de casa con tomate y mantequilla. Viene en rodajas y asado, algo que no nos termina de encantar, pero que no empañó la buena cuenta que dimos del tomate y de la mantequilla… hasta rebañar bien el plato.
Eso ocurrió, en parte, mientras esperábamos los entrantes. Elegimos dos: una porchetta ibérica que preparan con calabacín y cebolleta y una berenjena con seta ostra y salsa de ostra.
El primer plato, fresco y bellísimo, nos pareció una buena manera de hacer la transición hacia la parte central de la comida, que fue esa riquísima berenjena (casi mantequilla en el tenedor) y para la joya de la corona, el medio bogavante en tres preparaciones.
El plato viene del siguiente modo: pinzas en gabardina, cabeza a la brasa y cuerpo Massala acompañado de un arroz con un punto inmejorable.
La verdad es que ninguno de los platos tuvieron pegas grandes, sino todo lo contrario. Lástima que el servicio se descompensó un poco, marcharon el principal antes que uno de los entrantes y no terminaron de marcar bien los tiempos. Por supuesto, quedan disculpados: primera semana de trabajo. Y más allá de esto, los camareros fueron excepcionalmente atentos y procuraron ofrecernos una experiencia agradable, como así fue.
Otros principales que quedan en mente para la próxima visita son el «Pollo frito. Col. Gribiche» o las «Albóndigas. Cordero. Cuadraditos de patata».

El postre y el café
Nada originales fuimos con el postre: una tarta de chocolate con Chantilly. Estaba rica, pero nos despistó un poco la temperatura: en ciertos puntos parecía tibia, mientras que el interior estaba un punto por debajo de la congelación.
Lo que sí disfrutamos fue el café. Para ello, nos invitaron a salir a su maravillosa terraza, que permite a los comensales contemplar la preciosa muralla de Ávila y, a la vez, investigar el propio huerto del restaurante, donde vimos acudir a varios miembros del equipo de cocina a por algunas hojas por aquí y por allá.
Con todo ello, auguramos un futuro extraordinario para el nuevo local de Barro, este Surco que permite acercarse a la cocina de Carlos Casillas, uno de los talentos más fulgurantes de nuestra gastronomía.





