No negaremos que comer en Segovia es un auténtico privilegio. Con el cochinillo y el lechazo por bandera, la ciudad está llena de mesones y restaurantes donde se ofrece la mejor cocina castellana clásica. Y nos encanta, pero también nos gusta cambiar. Por eso queríamos probar Villena, un gastronómico que ofrece tradición renovada ‘a los pies’ del acueducto.
Aunque ahora no la ostenta, en el pasado Villena estuvo galardonado con una estrella Michelin por, según la guía, trabajar una cocina que “apuesta tanto por la coherencia como por el producto de proximidad”. Después de nuestra visita a este espacio, situado en lo que fuera la antigua iglesia del Convento de las oblatas, podemos confirmar que es así.
¿Cómo fue nuestra experiencia en el Villena de Segovia? Te contamos lo que comimos y vivimos durante nuestra visita.
Un espacio histórico

La gran sala de Villena impresiona. Aunque despojada de casi todos los elementos de lo que fue en el pasado, el comedor de este restaurante conserva tanto la estructura como algunos muros, ventanas e incluso decoraciones en piedra de su antiguo servicio como lugar de culto.
Esto da un toque elegante y pulcro al ambiente, algo que acompaña durante toda la comida, que se celebra en mesas amplias, muy separadas de otras, generando una especie de ‘intimidad pública’ que no hemos tenido en otros restaurantes de este tipo.
Es cierto que, para nosotros, que somos amigos de los lugares rebosantes de personalidad, la magnitud del espacio, así como lo alto de sus techos, pudo llegar a generarnos cierta sensación de frialdad; sin embargo, otras personas que han estado en el restaurante nos han transmitido una idea contraria, por lo que queremos reflejar aquí ambas realidades para que el lector pueda valorar.
Los menús de Villena
Hicimos la vista a Villena en el verano de 2024. En ese momento, el restaurante ofrecía dos opciones de menús degustación cerrados.
La primera propuesta, el menú esencia, tiene un coste de 70 euros; el segundo, el gran menú, se sirve con un precio de 120 euros. Obviamente, en ninguno de los dos casos las bebidas están incluidas.
En nuestro caso se trataba de una comida ligeramente informal. Por ello, nos decantamos por la primera opción, que estaba diseñada del siguiente modo: seis pases salados y un postre.
Plato a plato en el Villena de Segovia
Abrimos boca con una sardina con helado de tomate que nos pareció exquisita en su sencillez.

De ahí pasamos a un trampantojo de pasta con pesto. En este caso, los macarrones estaban elaborados con tomate y, aunque original, nos pareció un plato ligeramente fallido: la textura de la ‘pasta’ no terminaba de encajarnos y tampoco nos encantó el sabor.
Gamba al ajillo como tercer pase. Este sí fue un plato celebrado, tanto por el punto del ingrediente principal como por el método con el que el desde cocina recuperan el reconocido sabor del ajillo: a través de una gelatina que permite jugar con lo clásico desde una nueva textura.
Otro entrante que nos gustó mucho fue la crema de trigueros con pisto. Con un intenso sabor y un precioso emplatado, este es un plato que hemos recordado en conversaciones posteriores por el equilibrio logrado con el clásico pisto, que estaba, además, ligeramente picante.
Los principales
Merluza y mandarina combinan a la perfección en un primer plato principal donde el pescado, excelentemente cocinado, destacaba por encima del resto de la composición.
Por supuesto, en una comida en Segovia no podía faltar el cochinillo. En este caso lo sirven deshuesado en una especie de ‘brazo de gitano’ que hacía que la pieza ganara en texturas.
Por un lado, nos presentaron la piel más crujiente de cochinillo que hemos probado hasta la fecha. Por otro, un interior tierno como la mantequilla. Un plato muy acertado y memorable.
Para finalizar esta comida, un postre que tampoco nos terminó de encantar: se presentó como una selección de distintas piezas con un flan, una golosina de frutos rojos y un sorbete. Nos pareció una propuesta poco cohesionada en los dulces.


El papel de Villena en la gastronomía segoviana
La experiencia en Villena nos pareció llamativa para aquellos que vivimos en la ciudad o cerca y que queremos celebrar un momento especial o darnos un pequeño lujo de vez en cuando.
Es una opción interesante para salir del clásico menú segoviano con cochinillo, judiones y sopa castellana, puesto que por unos 70 euros por persona se puede probar una cocina algo más contemporánea, con ciertos guiños a la vanguardia gastronómica.
Para nosotros, la de Villena es una cocina que, sin grandes alardes, demuestra que hay otra forma de enfrentarse al recetario popular de la zona; un lugar para cambiar y para sorprender a quienes buscan algo diferente, pero sin salir de los sabores conocidos.





