La Cabaña Buenavista: un recorrido por la gastronomía murciana

La Cabaña Buenavista: un recorrido por la gastronomía murciana

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La Cabaña Buenavista es el gran buque insignia de la gastronomía murciana. Galardonado con dos estrellas Michelin y tres soles Repsol, este espacio gastronómico ha cumplido veinte años de vida ofreciendo, temporada a temporada, lo mejor del talento y la indagación de Pablo González, el chef y alma absoluta del proyecto.

Por supuesto, como amantes de la cocina de autor y murcianos, la visita a La Cabaña Buenavista estaba entre nuestros planes desde hacía años. Sin embargo, vivir fuera de la Región hace que sea difícil encontrar un hueco cuando vamos de visita… Por eso no fue hasta el pasado mes de abril de 2024 cuando pudimos sentarnos a la mesa de este increíble espectáculo gastronómico.

Con dos menús degustación esa temporada (Olivo, por 150 euros; y Experience, por 175 euros), la experiencia de comer en Cabaña Buenavista es bastante llamativa. Para empezar, hay que hablar del espacio.

En mitad de una zona natural, se levanta una gran cabaña de madera rodeada de jardines. A lo largo de los años, Pablo González y su equipo parecen haber comprendido perfectamente el entorno en el que se levanta su proyecto para integrarlo en la degustación.

Por eso, a lo largo de la comida –nosotros apostamos por el menú Experience–, el comensal va disfrutando de distintas zonas, en las que comer: el jardín, la terraza, la barra del salón y, ya por fin, la mesa de la cabaña. En ese sentido, este recorrido planeado nos ha parecido una forma muy interesante de los más de veinte pases que pudimos degustar el pasado cuatro de abril.

Bienvenida al viaje por la Región de Murcia

La comida en la Cabaña Buenavista comienza al inicio del jardín. Allí, bajo un bonito pórtico, unas mesas altas permiten tomar los primeros tragos mientras el equipo de sala se prepara para recibir a los comensales.

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Desde ahí, al menos en esta temporada, los camareros te invitan a recorre el jardín, haciendo parada en dos puestos situados a cierta distancia, donde probaremos los primeros snacks de la experiencia.

Como se trata de hacer un paseo por la Región de Murcia, en estos compases iniciales probamos una versión de la marinera y una particular interpretación de la ensalada de tallos y alcaparras, tan común en esta zona del país.

De pie, como se espera cualquier comida de grupo, con una agradable charla y el vermú en la mano, nos invitaron a acercarnos a la cabaña y a sentarnos en su bonita terraza. Ahí íbamos a tener una primera etapa de platos con mayor entidad.

La terraza: entramos en materia

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Nos gustó especialmente esta parte de la terraza, con entrantes muy ligeros y sabrosos, todos relacionados con la gastronomía murciana, pero desde una visión conceptual y renovada.

Llamó especialmente nuestra atención el caldo con pelotas, con una infusión del guiso y las verduras absolutamente suculenta; también la gamba rosa de Águilas con limón y rosas y un curioso caviar de matrimonio, que jugaba con las texturas y las elaboraciones para ofrecer un plato completamente distinto al habitual.

Aunque se cuenta rápido, estuvimos más de una hora en esta ‘etapa’ del tour gastronómico de Pablo González, que en este punto ofreció un total de seis pases.

«Nuestra barra»

Pocas cosas nos gustan más en el ámbito de la gastronomía que ver a un chef disfrutando de su trabajo. Así nos ocurrió en Doppëlganger con Samy Alí y también en Playing solo, donde vimos trabajar a Luis Caballero.

Por eso, nos encantó pasar a la gran sala de la Cabaña y ver cómo nos sentaban en una barra frente a la que estaba el propio Pablo González. Este nos quiso ofrecer, de primera mano, la parte más compleja e ‘indagadora’ del menú con una serie de bocados de atún rojo.

Acompañados por un exquisito vermut cítrico, fuimos probando cuatro snacks que el chef preparó ante nuestros ojos, mientras nos contaba peculiaridades sobre el atún y, sobre todo, nos invitaba a mirarlo como al cerdo: aprovechando cada una de sus partes.

De hecho, estuvo jugando con nosotros durante todo ese rato, ya que los bocados estaban elaborados con partes poco habituales del atún, tratadas, eso sí, con maestría. Comimos ojo, piel, lengua y médula.

Y aunque dicho ahora parece un poco difícil, lo cierto es que las elaboraciones estuvieron fantásticas, especialmente la médula y la lengua, que nos encantó a todos los que acudimos a esta comida. 

A la mesa de Pablo González

A estas alturas del menú, estábamos bastante llenos. Sin embargo, nos esperaban siete pases más, con algo más de entidad en cuanto a las cantidades y, sinceramente, algo menos lucidos para nosotros, si lo comparamos con todo lo anterior.

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Sí que nos pareció excelente la mantequilla con pan de semillas y el aceite ecológico de elaboración propia o el chato murciano con olla fresca y sándwich de papada. Sin embargo, con más discreción pasaron por nuestra mesa el mero gris y potaje de berenjena y los ‘gazpachos’ con nécoras y cigalas.

De nuevo nos pusimos a tono con la degustación de quesos murcianos. Para ello, el chef y su equipo han prescindido de la clásica mesa de quesos y sirven tres tipos –Bee, Roano Azul y Ruperto Lavado– en distintas elaboraciones, todas ellas absolutamente exquisitas.

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La parte dulce del menú

De ahí, a los postres.

Pino fue el primero, una presentación de este árbol en distintas preparaciones, desde un licor hasta un aire, pasando por los frutos garrapiñados, que tuvimos que extraer de la propia piña.

Cerramos el menú, después de cuatro horas, con un postre compuesto por chocolate, almendras, limón y super mousse, algo más empalagoso y dulce que el prepostre, que generó algunas opiniones encontradas en la mesa.

Por supuesto, el viaje por la Región de Murcia no acabó aquí: en los cafés nos ofrecieron una impresionante mesa de petit fours que no eran sino reinterpretaciones de dulces tradicionales de la zona: Bizcocho de Ojós, Alfajor de Caravaca, Rollo de Asiático y Cuerno Murciano.

Salimos de la Cabaña Buenavista con un par de ideas en mente: por un lado, en Murcia tenemos una gastronomía rica, basada en producto de kilómetro cero de gran calidad. Por otro lado, el trabajo de González Conejero es uno de los que más nos ha emocionado en este camino de los restaurantes de degustación que emprendimos hace unos años.

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Daniel.R.V

Concibo el viaje como una forma de entender mejor el mundo. Me apasiona
la cultura y siempre estoy dispuesto a hacer las maletas para
viajar a cualquier destino... siempre que se coma bien. Porque descubrir
restaurantes, gastronomías y recetas es otra forma de conocer todos los
rincones del planeta.

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