Los clásicos de Milán: una guía de imprescindibles

Los clásicos de Milán: una guía de imprescindibles

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Toda ciudad turística cuenta con una serie de monumentos, museos y rincones imprescindibles para el visitante. ¿Cuáles son los sitios de Milán imprescindibles? Hemos preparado una lista de lo que nos parece más interesante hacer en la capital de la Lombardía.

Con un poco de previsión –algunas entradas hay que reservarlas con meses de antelación–, pensamos que en dos o tres días se puede completar este recorrido sin mucho problema y llevarse una importante panorámica de la ciudad italiana, ya que no tiene tanto por ver como Florencia o Roma.

El duomo: una joya del Gótico

El duomo es el gran atractivo arquitectónico, religioso y cultural de la ciudad. Su imponente fachada es lo más conocido de entre los clásicos de Milán: se trata de una obra detalladísima, con más de 4500 metros cuadrados y cientos de estatuas que la convierten en un auténtico espectáculo.

Pasear por el exterior de la catedral es toda una experiencia: el síndrome de Stendhal te ataca al disfrutar de una fachada única, situada en un ambiente también muy especial, en toda la ‘almendra’ turística de la urbe.

En cuanto a su interior, destacan cosas como las maravillosas vidrieras, la cripta con las reliquias de San Carlos Borromeo y la zona que da acceso a la zona arqueológica, donde se pueden ver restos de un baptisterio del siglo IV y construcciones anteriores.

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Por supuesto, la musealización de la catedral permite subir a la torre, así como pasear por las cubiertas del edificio.

Todas estas opciones se pueden explorar a través de diversos tickets de entrada, que se pueden comprar por Internet o bien en las taquillas, situadas en un edificio en la parte lateral del templo.

La mayor parte de los visitantes optan por el Culture Pass, que permite acceso a la iglesia, al área arqueológica, al museo de la catedral y a la iglesia de San Gottardo por 12 euros. Quienes optan por subir a las terrazas pueden hacerlo por un precio extra de 16 euros si usan ascensor o 14 si optan por las escaleras.

Galleria Vittorio Emanuele II: el lujo a pie de calle

Como habrás pasado con toda seguridad por la plaza del Duomo antes de entrar en la iglesia, seguramente no hayas dejado de mirar otra impresionante construcción que queda a la izquierda del templo: es la Galleria Vittorio Emanuele II

Ese gran arco da entrada a uno de los lugares más exclusivos de toda Milán: la galería comercial que el primer rey de Italia diseñó a finales del siglo XIX.

Se trata de un gran ‘centro comercial’ de estilo neorrenacentista. Y hoy se asientan allí algunas de las principales marcas de moda del mundo: Gucci, Prada, Louis Vuitton…

Abierta 24 horas al día, la Galleria Vittorio Emanuele II es bellísima. Especialmente en la parte central, donde se puede disfrutar de una hermosísima cúpula que te hará sentir como en un viaje al pasado más lujoso y distinguido del norte de Italia.

Piazza Mercanti: viaje en el tiempo

Otro viaje en el tiempo es el que ofrece la Piazza Mercanti. Es uno de los vestigios más importantes de la Edad Media de Milán.

Como su propio nombre indica, la Piazza Mercanti fue uno de los centros sociales y de poder de los siglos XIII en adelante.

En ella todavía sobreviven algunos importantes edificios como el Palazzo della Ragione, donde estuvieron los tribunales de justicia; La Loggia degli Ossii, que servía como edificio público para hacer anuncios de carácter civil, y el Palazzo dei Giureconsulti, la sede de la cámara de comercio.

La Piazza Mercanti está situada muy, muy cerca de la plaza del Duomo, así que se puede integrar en el mismo paseo y ver las tres cosas –y alguna más– en la misma mañana.

Vía Monte Napoleone: cuna del diseño textil y las joyas

Los amantes de la moda se volverán locos con Milán: no hay que esperar a las famosas pasarelas que se celebran cada año para ver la mejor moda. La ciudad acoge a algunas de las mejores marcas, diseñadores y estilistas del mundo. Y, por eso, un lugar como la Galleria Vittorio Emanuele II no era suficiente para albergar tantos comercios de alta costura.

La solución se llama Vía Monte Napoleone. Esta calle es una de las ‘millas de oro’ de Europa. Está considerada como una de las calles más caras del planeta. Y en ella se dan cita marcas como Gucci, Burberry, A testoni o Dolce Gabbana.

La mayor parte de turistas optan por pasar, al menos una vez, por esta famosa vía llena de escaparates con precios de infarto. ¡E incluso algunos se atreven a entrar y todo! Un imprescindible muy curioso para quienes no estamos acostumbrados a este mundo de la moda.

Castello Sforzesco: museos y pasado

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Situémonos de nuevo en la piaza Mercanti. Desde ella, en dirección noroeste –dirección contraria a la catedral– sale una vía con el mismo nombre: via dei Mercanti. Si se sigue, en unos diez minutos de paseo por la parte más ‘noble’ de Milán se llega a otro de los atractivos turísticos de la ciudad: el Castello Sforzesco.

Esta fortaleza data del siglo XIV y ha tenido una intensa vida que le ha llevado a ser un espacio militar y una de las mejores cortes de Italia. Además, ha estado en manos españolas e incluso estuvo en la cabeza de Napoleón, quien deseaba destruirlo.

Su historia comienza en 1358, cuando la poderosa familia Visconti inicio las obras de la fortaleza, que se convertiría en la residencia familiar hasta 1447. Unos años más tarde, fue Francisco I Sforza quien obtuvo la propiedad y se encargó de su reconstrucción para convertirlo en lo que es hoy.

Con frescos de Da Vinci, Bramante o Butinone, el castillo mantiene todavía hoy su imponente imagen. Y eso pese a que es sede de varios museos como el Arqueológico de Milán, el de Arte antiguo o el de instrumentos musicales. Para nosotros, quizá el único museo que merece la pena si no se tiene demasiado tiempo es el de arte antiguo, que custodia la última escultura de Miguel Ángel. Por lo demás, consideramos que es más interesante pasear por los patios del castillo y por sus alrededores… Y luego dirigirse al siguiente destino.

Parque Sempione: naturaleza en el centro de la ciudad

Si has entrado al Castello Sforzesco por la puerta principal, llegando desde la catedral, entonces recomendamos recorrer su interior hasta salir justo por el otro lado: tus ojos lo agradecerán porque estarás ante el Parque Sempione.

El Parque Sempione es uno de los grandes espacios verdes de la ciudad. Tiene unos 130 años de historia e inicialmente se construyó como un jardín de inspiración inglesa, que hoy es un lugar de encuentro y expansión para milaneses y visitantes.

Sempione es un oasis dentro de la actividad frenética de la ciudad. Permite perderse durante un rato, pasear, leer bajo un árbol… Una parada ideal dentro de cualquier ruta turística por Milán.

Arco della Pace: el recuerdo de Napoleón

Si decides recorrer el parque Sempione desde el Castillo te recomendamos ir hacia el noroeste. Al final del mismo te encontrarás con otra de las grandes construcciones históricas de Milán: el Arco Della Pace.

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Este monumento no es más que un arco del triunfo que ordenó construir el propio Napoleon Bonaparte. Sin embargo, su construcción se abandonó y se retomó más de dos décadas después: fue en 1838 cuando las obras se dieron por finalizadas.

Más allá de su impresionante belleza, es un legado histórico maravilloso: Napoleón III y Victorio Manuel III cruzaron por ahí en 1859, tras la victoria de Magenta, para darse un baño de multitudes.

Siguiendo los pasos de Da Vinci: la última cena

Si hay algo que consideramos absolutamente imprescindible de Milán es la visita al Cenáculo Vinciano. Ahí descansa una de las obras de arte más famosas, enigmáticas y atrayentes del planeta: La última cena, de Leonardo Da Vinci.

Antes de nada, un aviso: acceder al lugar donde está este mural no es fácil. La protección de la obra de arte es tanta que solo hay unos pocos pases al día. Además, las entradas son nominativas y hay que mostrar el DNI para comprobar la reserva. Cuestan 15 euros y se compran en la web oficial, donde se abren la fechas cada trimestre.

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Las entradas se pueden (y se deben) comprar con antelación en la web oficial. Si vas allí el mismo día, casi con toda seguridad no podrás entrar ya que no quedan pases. Nuestra recomendación es que hagas la reserva en cuanto sepas las fechas en las que vas a estar en Milán.

Ya hablando propiamente de la obra, es una de las grandes manifestaciones religiosas y artísticas del Renacimiento italiano. El mural es enorme y está situado en una sala que, milagrosamente, se libró de las bombas que durante la II Guerra Mundial cayeron sobre la ciudad de Milán.

Una vez que se compran las entradas con una hora programada, los visitantes tienen unos quince minutos para disfrutar del espectáculo visual creado por Leonardo. Luego, hay que abandonar la sala para dejar paso a otros visitantes.

Aunque obviamente es un capricho para el turista, lo cierto es que son tantas las estrictas condiciones de acceso que hay que pensarse muy bien si merece la pena.

No obstante, quien opte por visitarlo debe saber que La última cena se encuentra en un anexo de Santa Maria delle Grazie, una bellísima iglesia conventual que ya por sí misma merece la visita.

El Teatro alla Scala: otro foco de atención

Regresamos a la zona del Duomo para pasar, rápidamente por otro de los grandes puntos culturales e históricos de la ciudad: el Teatro alla Scala.

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La Scala es, sin temor a equivocarnos, el palacio de la ópera más importante del mundo. Data de 1778 y, aunque por fuera no llama demasiado la atención, es por lo que ha ocurrido dentro por lo que tiene tanta importancia: compositores como Verdi o directores como Toscanini han escrito parte de su carrera sobre las tablas de este teatro.

Más allá de visitarlo por fuera, es recomendable entrar al Museo Teatrale allá Scala. Allí se puede ver el propio teatro, así como exposiciones temporales, una gran biblioteca o trajes de algunas de las más importantes óperas representadas allí a lo largo de la historia. Los pases cuestan 17,96 en julio de 2024.

Por supuesto, te recomendamos ver la ópera de otro modo: acudiendo a una de las obras programadas. Es cierto que si se quiere disfrutar bien hay que rascarse un poco el bolsillo, pero la experiencia merece la pena.

Reservando con tiempo se pueden encontrar buenas entradas a un precio moderado: nosotros encontramos un par muy centradas y a no demasiada altura por unos 90 euros por persona.

Sin embargo, esta no es la única opción: la Scala ofrece, en algunas representaciones, la posibilidad de adquirir entradas con visibilidad reducida por un precio de 10 euros. Obviamente, no es la circunstancia óptima. Pero permite disfrutar de las sensaciones de estar en una ópera. Además, también se puede acudir a otro tipo de espectáculo como ballet o conciertos de música clásica, con tickets mucho más reducidos.

La pinacoteca de Brera: la belleza del arte

Si solo se pudiera elegir una galería de arte de todas cuantas hay en Milán, iríamos a la pinacoteca de Brera una y otra vez.

Con poco más de un siglo de historia oficial, esta colección de pinturas ha sido incluso objeto de interés de Napoleón, que decidió convertirla en la gran galería de las obras atesoradas por el ejército francés.

Especialmente importante en cuanto al volumen y la calidad de las obras medievales, barrocas y renacentistas, aunque posee un gran fondo de obras contemporáneas que conviven de manera temporal con las grandes pinturas históricas en las diferentes salas del museo.

Entre los ‘imprescindibles’ del museo se encuentran telas como la Lamentación sobre Cristo Muerto, de Andrea Mantegna, el famoso cuadro de El beso, de Hayez, o el impresionante Sponsalizio della Vergine, de Rafael.

El billete tiene un coste de 15 euros y es recomendable reservar con antelación a través de la web oficial del espacio expositivo. En nuestro caso, aprovechamos para cuadrar la visita el primer domingo de mes, día en que se puede reservar con tiempo un pase gratuito.

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Otros museos en Milán

La pinacoteca de Brera no es el único museo de Milán que merece la pena. Para nosotros existen otras galerías y salas que deberían estar en el itinerario de cualquier viaje que permita pasar varios días en la ciudad.

  • Pinacoteca Ambrosiana: otra galería de arte, más pequeña, que acoge obras de Leonardo, Bramantino o Caravaggio. Además, cuenta con una deliciosa biblioteca con manuscritos de Virgilio elaborados por Petrarca.
  • Museo del Novecento: los aficionados al arte contemporáneo deben realizar esta visita, que ofrece un viaje por algunas de las propuestas pictóricas más interesantes de los siglos XX y XXI.
  • Otras salas: en nuestro artículo de cosas gratis que hacer en Milán te hablamos de algunos de los otros descubrimientos que hicimos en la ciudad italiana.

Dos meses en Milán dieron para mucho: pudimos conocer la ciudad a fondo, más allá de este amplio listado de monumentos, iglesias y museos imprescindibles para cualquier visitante que llegue a esta zona de Italia para descubrir cada uno de los rincones imprescindibles de Milán.

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Daniel.R.V

Concibo el viaje como una forma de entender mejor el mundo. Me apasiona
la cultura y siempre estoy dispuesto a hacer las maletas para
viajar a cualquier destino... siempre que se coma bien. Porque descubrir
restaurantes, gastronomías y recetas es otra forma de conocer todos los
rincones del planeta.

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