Dónde comer en Milán: una guía para todos en 2024

Dónde comer en Milán: una guía para todos en 2024

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Milán es sinónimo de pasta, pizzas, focaccia, tiramisú… Pero también de cartas con precios altos. La ciudad italiana tiene fama de ser una de las más caras de Europa y eso, cómo no, se traslada a sus locales de restauración. ¿Dónde comer en Milán? Nuestros dos meses de estancia nos han permitido ser muy selectivos, buscar con atención y, sobre todo, probar tanto sitios a los que acudir para tomar un bocado barato —pero delicioso— hasta restaurantes de gran nivel, pero precios contenidos.

Te ofrecemos una guía para todos los gustos y bolsillos y te hablamos tanto de lo que nos gustó como de lo que no. Por supuesto, todos los sitios aquí reseñados nos gustaron por un motivo o por otro. Preferimos ahorrarte aquellos con los que no tuvimos tanta suerte. Por cierto, si quieres descubrir algunos más que nos parecen imprescindibles, te invitamos a conocer nuestra guía de cafeterías de Milán.

Locanda Perbellini

La Guía Michelin es uno de nuestros grandes recursos cuando viajamos. No solo hay que buscar restaurantes caros con estrella: los inspectores también destacan locales más asequibles a los que merece la pena seguir la pista.

Nuestro primer gran banquete en Milán fue en Locanda Perbellini. Se trata de un local casual del cocinero con dos Estrellas Michelín Giancarlo Perbellini. En él se ofrece su particular versión de la cocina local, muy cuidada, pero sin aspavientos: producto y cocina. Y todo ello a un precio que está en línea con la mayoría de trattorias de Milán.

La carta es pequeña y va cambiando con la temporada, aunque nos contaron que algunos clásicos, como la versión del risotto milanés, están siempre en la carta. De hecho, este fue el plato por el que reservamos mesa. Y no nos decepcionó.

Probamos su exquisito risotto, que está elaborado con azafrán e incluye esencia de naranja y una salsa de hinojo; la milanesa —que difiere un poco de la receta más clásica, pero está muy conseguido— y un plato de cerdo a baja temperatura con la piel crujiente que fue el gran acierto de la comida.

En cuanto al ticket, compartiendo un entrante —que en realidad era un primero— y con dos segundos, prosecco y postre, salimos a unos 50 euros por persona.

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Sicilian Brera

Sicilian Brera es una de esas sorpresas que nos llevamos durante los dos meses que vivimos en Milán. Íbamos paseando por el barrio de Brera, se hizo la hora de comer y, buscando y buscando, dimos con este pequeñísimo local en el que hicieron todo lo posible por darnos una mesa (íbamos unos cuantos).

Sicilian Brera es una mezcla entre café, espacio de vinos y tienda gourmet que ofrece una carta de comida siciliana tanto para degustar en el local como para recoger y tomar en casa. Lo lleva un equipo joven y muy dispuesto, que nos ayudó a elegir lo mejor de una carta corta y basada en productos frescos, verdura y, sobre todo, pasta.

Probamos los clásicos arancini, rellenos de distintas preparaciones; la clásica caponata, que estaba deliciosa; y la parmigliana, un poquito subida de ácido del tomate, pero igualmente rica.

Mención aparte merecen sus dulces propios de la gastronomía siciliana. Y su delicada versión del tiramisú, que fue un auténtico bombazo. También preparan un café con crema de pistacho que es original y que merece la pena probar por la curiosidad.

En cuanto al precio, Sicilian Brenta podría tener un ticket medio de unos 35 euros por persona, algo que lo hace todavía más atractivo estando donde está.

Pizzería Da Mimmo

Corso Lodi es una de las grandes arterias del sureste de la ciudad. No es una zona turística, pero sí hay muchos hoteles de precios económicos donde quedarse. Esta recomendación nos parece adecuada si tienes un alojamiento por la zona y quieres comer en un lugar económico y auténtico.

Nosotros lo teníamos cerca de nuestro piso de alquiler, así que se convirtió en un habitual, tanto para alguna cena en el local o en casa, como para disfrutar de su menú del día, con dos platos y postre por unos once euros.

Una de las cosas que llaman la atención de Da Mimmo, una pizzería y trattoria con horno de leña, es que está lleno de gente local: esto da muestra de que es un local donde se come bien y a precios ajustados.

La carta es la habitual en estos sitios: una buena selección de pizzas entre los seis y los diez euros, entrantes, pastas y risottos. Además, en Da Mimmo hay una buena selección de platos de carne y, sobre todo, de pescados y mariscos.

Panzerotti Luini

Luini es un local histórico de Milán. A modo de local de take away, se especializa en los panzerotto, una especie de empanadilla rellena de ingredientes dulces o salados y preparada frita o al horno.

Esta es una receta de la zona de Apulia que Luini trajo a Milán —hay más locales que lo sirven— en 1949, cuando Guiseppina Luini se trasladó desde Apulia esa región a la ciudad lombarda.

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Desde entonces, se ha convertido en un local muy popular para quienes quieren probar este bocado a modo de aperitivo, merienda o cena y llevarse una buena experiencia gastro por unos tres euros.

El local actual de Panzerotti Luini está muy cerca de la Gallería Vittorio Emanuele II, en la calle Santa Radegonda, en el mismo local original. Abre de lunes a sábado de diez de la mañana a ocho y siempre hay mucha cola, pero en unos minutos se puede conseguir el panzerotto o cualquiera de los bocados de horno dulces y salados que ofrecen.

Entre los panzerotti más populares están los de mozarella y tomate y los de cebolla, oliva y tomate fritos, así como los horneados de vegetales. También tienen un sabor del mes y otros que van rotando cada semana. En la parte dulce, los que más nos gustaron fueron los de ricotta y chocolate y los de frutas del bosque y crema.

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Trippa

Trippa es la trattoria de moda en Milán. Situado en la zona más ‘caliente’, desde el punto de vista gastronómico, de Porta Romana, este es uno de esos locales en los que cuesta encontrar mesa. De hecho, el tema de la reserva es complejo: cada día abren el cupo a las 12 P.M en su web y se agota en unos minutos.

¿A qué se debe tanto éxito? Cocina de calidad, un local cómodo y sin pretensiones y un precio más que interesante para lo que ofrecen. Al frente, Diego Rossi, un cocinero veronés que logró hacerse con una Estrella Michelin en su etapa anterior, en los fogones de Antiche Contrade.

La carta, que cambia con la temporada y nunca mantiene demasiados platos fijos, apuesta por mirar a la tradición sin complejos, pero ofreciendo toques renovados, sin más pretensión que la de que el comensal disfrute de la comida.

Como platos estrella, la tripa frita, que es básicamente un tipo de corteza bien especiada; y el tuétano de vacuno. Aunque los probamos por ser lo que van buscando los comensales a Trippa, no nos pareció lo más destacado: ricos, sí, pero nos gustaron mucho más la pasta y otras propuestas.

En nuestra visita, tras cuatro intentos de reserva, tomamos la tripa, el tuétano, un plato de pasta rellena, su steak tartar de caballo y una ensalada de alcachofa fresca. Por último, nos deleitamos con un tiramisú al más puro estilo de la nonna. Todo ello, acompañado con una botella de prosecco, nos salió por unos 120 euros.

Berberè

Descubrimos Berberè en un paseo por la zona de Isola y simplemente el local nos llamó la atención: una pizzería centrada en esta preparación y con precios muy bajos, con muy buena pinta y unas cocinas vistas maravillosas.

Sin más referencia, la apuntamos en la lista de ‘pendientes’ para descubrir, después, que es una de las más exitosas de Milán. Es un negocio que comenzó en 2010 gracias al impulso de dos hermanos calabreses que, en 2024 cuentan con varios establecimientos por todo el país, cinco de ellos en Milán.

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Sus pizzas apuestan por productos gourmet y una selección de masas de alta calidad basadas en la masa madre. Ningún secreto más: y no les hace falta.

En la carta hay tres o cuatro entrantes muy sencillos, un par de ensaladas, algún que otro postre y una cosa llamada montanarine fritte, que es un poco de masa frita rellena con productos como la sobrasada con miel y ricota ahumada.

En cuanto a las pizzas, se limitan a una veintena de propuestas que se dividen en pizzas clásicas y pizzas blancas, que no llevan la salsa de tomate. Todas ellas tiene precios entre seis y doce euros y son de un tamaño adecuado para una persona.

Por calidad/precio, Berberè debe ser uno de los locales favoritos para tomar pizza para los milaneses. Por lo menos, el par de veces que fuimos a uno de sus locales en la ciudad estaba lleno y fue necesario reservar en alguno de sus turnos de cena.

Cooperativa La liberazione

Comer barato, en un sitio absolutamente original, sin ningún tipo de impostura y, sobre todo, único. Esto es lo que nos dijeron cuando nos hablaron de Cooperativa La liberazione, un ‘restaurante’ que nos ofreció una de las experiencias gastronómicas más especiales de todo nuestro viaje a Milán.

Este espacio depende, directamente, de la sede del Partido Comunista en la ciudad. Está profusamente decorado con objetos, fotografías, pancartas y otro tipo de elementos de movimiento político, lo que hace que ya el sitio de por sí merezca la visita.

La carta es sencilla, con platos de toda la vida como la milanesa, sopas de verduras, recetas de casquería como la tripa, vino de la casa…

El local está lleno de clientes habituales. Por eso, a nadie -salvo a nosotros- le pareció extraño que, al no tener mesa, un ‘parroquiano’ nos hiciera sitio en la suya y nos animara a compartir la velada.

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¡Y qué experiencia! Conversamos durante un par de horas, escuchamos ópera improvisada por otra comensal aficionada al lírico, brindamos con algunas personas que pasaban y simplemente se paraban a preguntar quiénes éramos… Y nuestro nuevo amigo Flavio nos recomendó algunos platos y bebidas que nos permitieron profundizar más en la gastronomía del país.

Aunque debido a la tesitura no hicimos fotos, los platos son como el que podría hacer cualquier nonna en casa para sus nietos: contundentes, sin alardes decorativos. Pero todo lo que probamos nos encantó: desde la mortadela de jabalí hasta la cotoletta alla milanese.

Y todo por unos 30 euros por persona, con cuatro platos a compartir, postre, vino y copa… algo inédito en nuestra búsqueda de restaurantes en Milán.

Dongiò

Dongiò lleva desde 1987 abriendo sus puertas en la zona de Porta Romana. Se trata de un local clásico y familiar especializado en la producción y preparación de pasta fresca.

Destacado también entre las recomendaciones de la Guía Michelín por su excelente calidad y sus precios, es otro de esos restaurantes en los que hay que reservar con tiempo para no quedarse sin mesa.

Tradición. Esa es la palabra que mejor serviría para definir qué es Dongiò, desde la decoración hasta las propuestas de la carta, pasando por el emplatado y el servicio. Y es que son ya tres las generaciones que se han hecho cargo del local, siguiendo el sueño de Pietro Criscuolo, el alma de este proyecto.

Caponata, una tosta de `Nduja, unos macarrones (son muy populares y se preparan con varias salsas) exquisitos y uno de los mejores solomillos que hemos comido nunca fueron las propuestas por las que nos decantamos.

A esto sumamos una botella de vino tinto de Sicilia, una porción de un tiramisú clásico y una copa de amaro; todo por unos 80 euros.

Pasta madre

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Justo enfrente de Dongiò nos encontramos con la siguiente recomendación para comer en Milán: Pasta Madre. Esta es un trattoria contemporánea, con decoración a base de elementos reciclados, pero que sigue los mismos preceptos de tradición en cocina.

La carta es cortísima: apenas cuatro o cinco referencias de carne y pescado, un par de platos de verduras y pastas. Esto demuestra que el verdadero objetivo de este local es ofrecer platos frescos, con buena materia prima y a precios asequibles.

El mar, por cierto, es el gran protagonista: así lo cuenta Francesco Cotanzo, fotoperiodista reconvertido a hostelero y alma del espacio. Su cocina es mediterránea y varía con la temporada, ya que llega al establecimiento de mano de pequeños productores.

Nos recomendaron probar los boquerones fritos, que a diferencia de en España, se preparan con un empanado y no solo rebozados en harina. Esto como entrante. Después, dos platos de pasta: un clásico ragú de oveja y unos espaguetis de cherrys amarillos, stracciatella y tartar de gamba rosa. Una delicia.

Tomamos postres típicos sicialianos y un café de tueste natural que, junto con la botella de tinto francés que elegimos, elevó la cuenta a unos 100 euros para dos personas.

Hay que destacar el ambiente informal, la calidez del equipo de sala y, sobre todo, su extensa carta de vinos y cervezas más que interesante para los amantes de estos dos mundos.

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Daniel.R.V

Daniel.R.V

Concibo el viaje como una forma de entender mejor el mundo. Me apasiona
la cultura árabe y siempre estoy dispuesto a hacer las maletas para
viajar a cualquier destino... siempre que se coma bien. Porque descubrir
restaurantes, gastronomías y recetas es otra forma de conocer todos los
rincones del planeta.

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